De los Siete Continentes, de la Ficción y el Holográfico.
7. El Cornudo de los Siete Continentes
Si la geografía tradicional se ha vuelto obsoleta en la era de los viajes instantáneos y la comunicación global, la geografía de la infidelidad también ha evolucionado. De esta globalización del engaño surge el Cornudo de los Siete Continentes, un ser cuya existencia es tan absurda como su propia situación: es engañado en cada rincón del planeta, por una mujer que no se detiene ante ninguna frontera.
Su mujer, una nómada digital, ha dejado un rastro de corazones rotos y engaños en cada una de sus paradas. En Londres, se enamoró de un dandy con un acento perfecto. En Tokio, de un otaku. En el desierto del Sahara, de un beduino.
El Cornudo de los Siete Continentes se entera de la verdad cuando, por error, su mujer le envía una postal desde la Antártida, donde le cuenta que ha conocido a un pingüino que le ha robado el corazón, y a un biólogo que le ha hecho reír.
El Cornudo de los Siete Continentes representa la aniquilación del concepto de la monogamia. Su dolor no está en la traición, sino en la futilidad de la misma. ¿Cómo puede sentir celos de un pingüino, de un biólogo, de un beduino? Su mujer es un ser sin raíces, una criatura de los vientos, un fantasma que recorre el mundo.
8. El Cornudo de la Ficción
Si la traición ha sido, desde el principio de los tiempos, un acto de carne y hueso, el siglo XXI ha introducido una nueva forma de engaño que va más allá de la realidad. De esta nueva paradoja surge el Cornudo de la Ficción, un ser cuya agonía no es la de un corazón roto, sino la de una identidad usurpada. Él es el hombre que ha sido reemplazado, no por un rival más apuesto o más rico, sino por un personaje de ficción que su mujer ha creado.
Su mujer, una escritora de fan-fiction, lo ha abandonado, no por otro hombre, sino por un personaje de su propia creación. Ella ha inventado una versión perfecta de él mismo: un ser sin defectos, sin miedos, sin inseguridades. Un ser que la ama de una manera que él, como ser humano imperfecto, jamás podría alcanzar.
El Cornudo de la Ficción se entera de la verdad cuando, por error, su mujer le envía un capítulo de su libro, donde él, el personaje principal, le es infiel. Él, el ser real, se da cuenta de que su mujer lo ha estado engañando con una versión idealizada de él mismo, un fantasma de su imaginación. Es una traición total, una aniquilación del ser.
El Cornudo de la Ficción sufre un dolor que va más allá de la humillación. Es la pena de un ser que ha sido declarado irrelevante. Su dolor es el de un ser que ha sido traicionado por la misma imaginación que prometió liberarnos. En el fondo, los cuernos no son de madera, ni de metal, ni de silicio, sino de tinta y de papel.
9. El Cornudo Holográfico
Si el engaño ha sido siempre un acto que requiere la presencia de un tercero, el siglo XXI ha introducido una nueva forma de traición que desafía las leyes del tiempo y el espacio. De esta nueva paradoja surge el Cornudo Holográfico, un ser cuya agonía no es la de un corazón roto, sino la de una realidad fracturada. Él es el hombre que ha sido reemplazado, no por un rival de carne y hueso, sino por una imagen tridimensional, una proyección de luz y de datos.
Su mujer, una artista obsesionada con la realidad aumentada, lo ha abandonado, no por otro hombre, sino por una versión holográfica de él mismo, un fantasma de luz que ella ha creado. Ha inventado una versión perfecta de él: un ser sin defectos, sin miedos, sin inseguridades. Un ser que la ama de una manera que él, como ser humano imperfecto, jamás podría alcanzar.
El Cornudo Holográfico se entera de la verdad cuando, por error, su mujer le muestra una fotografía en la que él aparece, pero en la que su versión holográfica está abrazando a su mujer con una pasión que él nunca podría sentir.
El Cornudo Holográfico sufre un dolor que va más allá de la humillación. Es la pena de un ser que ha sido declarado irrelevante. Su dolor es el de un ser que ha sido traicionado por la misma tecnología que prometió liberarnos. En el fondo, los cuernos no son de madera, ni de metal, ni de silicio, sino de luz y de datos.
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Saludos, Miguel Iturria Savón